Continuando en el camino de “Los 8 pasos del Yoga”, según el orden establecido por Patañjali, toca presentar el tercer Yama, Asteya. Cuyo significado principal es “no robar”.
Como ya hemos visto con los anteriores conceptos, Ahimsa y Satya, Patañjali no se refería sólo a no robar cosas materiales, se refería a no tomar lo que no necesitamos de la Tierra, de otras personas o incluso de nosotros mismos. Asteya implica todas las formas de apropiarse de lo que no nos pertenece: ideas, pensamientos, tiempo, información, ayuda, sueños…
Integrar Asteya conlleva aceptar lo que “tenemos” o lo que se nos permite usar para hacer nuestra vida, asumiendo que lo que llega debe ser aprovechado honestamente, que abusar de las cosas y las personas es hacernos con lo que no nos corresponde y que lo que nos sobra a nosotros, alguien lo echa de menos… por lo que se trata también de justicia.
Por esto es importante tener en cuenta que robar tiempo a alguien siendo impuntual, robar ideas a quien originalmente las ha tenido, desechar los sueños de alguien por nuestros límites mentales, apropiarnos de los deseos de otra persona, consumir lo que no necesitamos… todo eso debería quedar fuera de nuestra forma de vida, si ésta se basa en Yoga.
Asteya también nos hace reflexionar sobre las necesidades que nos creamos y que nos hacen sentirnos insatisfechos. Como desear lo que otros tienen o lo que vemos en la publicidad; o no llegar a ese âsana que hace mi compañero en la esterilla de al lado, envidiando su fluidez en la práctica de Yoga…
Practicamos Asteya cuando estamos satisfechos con nuestra vida, con lo que somos sin desear poseer más. La abundancia es un estado mental que poco tiene que ver con cosas materiales, ya que podemos sentirnos más ricos dando que recibiendo. Asteya se da cuando nos sentimos plenos, seguros, en coherencia con lo que realmente somos, independientemente de las posesiones que creamos tener. En este estado nos hacemos conscientes de cada cosa que adquirimos, pensamos, decimos… asegurándonos de que es bueno para nosotros y para los demás. Así corresponderá lo que tomamos con lo que damos, y esto nos lleva a cuidar cada momento, a cada persona, cada palabra…
Practicamos Asteya en su pleno significado cuando hacemos Prânâyâma, estamos viviendo en el presente, tomando lo que necesitamos para el instante que estamos viviendo, el aire necesario para vivir y respirar el momento.
Así que, ¡tomemos más del aire que naturalmente se nos regala para vivir plenamente y compartamos nuestro bienestar!

