Desde el primer día que probé el Hatha Yoga sentí que se había producido un cambio en mí, y eso me hizo propagar a los 4 vientos que había descubierto oro y cada vez que me encontraba con alguien, le explicaba la maravilla que es e insistía en que debían probarlo… porque yo creía que esos beneficios que yo sentía, debían ser los mismos para todos… Ilusa de mí, que aún pensaba que todos sentimos y pensamos igual.
Con el paso del tiempo, la experiencia adquirida a través del Yoga y el conocimiento conseguido con la formación y trabajo en Crecimiento Personal, me he dado cuenta que cada cual tiene su momento y su visión respecto a ésta práctica… y a la vida en general. Lo que sí es cierto, es que cada vez más personas se me acercan ilusionadas, comentando que han comenzado a practicar Yoga y cómo se sienten desde que decidieron probar. Y esto me ha hecho recapacitar sobre cuáles suelen ser las expectativas antes de ir a una primera práctica de Hatha Yoga, qué solemos sentir y qué pensamos de esas primeras experiencias
He estado indagando entre personas de mi alrededor, gente con la que he practicado, gente a la que he acompañado en alguna práctica, personas que aún no se atreven, personas que practican hace muchos años, etc. Y aunque cada persona es un mundo, puedo decir que se repiten, en cierta forma, algunos patrones:
¿Por qué comienza a practicar una persona? En este sentido, tenemos quien busca comenzar una actividad física y se encuentra con algo que va más allá. Y encontramos a quien busca una actividad que le aporte relax y paz mental, y se da cuenta que además esto se relaciona con el cuerpo. O quien llega por acompañar a alguien y acaba enganchado…
Algo que se ha repetido, es el rechazo previo a ir a una clase, por pensar que no tenemos las capacidades necesarias para practicar esa disciplina “solo apta para chicles”, una expectativa creada por la imagen que se está dando sobre el Yoga en la red.
Ahora soy consciente del nivel de autoexigencia que nos infligimos para “quedar bien” en la primera clase, porque entramos en la comparación con el de al lado. Y vemos cómo, avanzando en la práctica, es cuando nos vamos dando cuenta que realmente es un trabajo personal, que nada tiene que ver con el exterior, excepto porque debemos atender a quien nos guía. (Muy importante aquí el papel del profesor porque, en una toma de contacto, debemos indicar al alumno que no se esfuerce un 100%, evitando así que se genere una idea equivocada sobre la exigencia de la práctica).
Otro punto a comentar es cómo salimos con la sensación de una Columna Vertebral “suelta” y cómo se crea una conciencia casi inmediata sobre la postura, porque se graba esa sensación y se lleva al resto del día.
Además de, la novedad del control de la respiración y cómo las primeras prácticas es un poco estresante, pero cuando se va avanzando nos damos cuenta de cuán útil es y cómo nos ayuda.
También se comenta, la extraña sensación de sentirse obligado a parar… que genera sentimientos encontrados entre el “yo que hago aquí con todo lo que tengo que hacer” y “uff menos mal que me he podido sentar”.
Pero se ha repetido en todas las entrevistas, como al ir avanzando en la práctica de Hatha Yoga, la conciencia sobre el cuerpo y la respiración se hace patente, como va cesando la lucha y llegando la aceptación de uno mismo. Esto hace llegar a comprender que es conociéndonos como podemos avanzar a través de nuestros propios límites, sin lucha pero con constancia.

