Soportes en la práctica Yoga

Mantas, bloques, cinturones, ¿silla?, ¿pared?

Bienvenido cualquier objeto susceptible de ayudarnos a crear el espacio necesario para que nuestra respiración fluya con libertad y poder conseguir el estado que nos decía Patanjali con su  Sthira Sukha Âsanam, ese equilibrio entre fortaleza y ligereza, esfuerzo y comodidad.

Sabemos que no está popularizado el uso de soportes, pues en las variedades de Yoga más dinámicas y “famosas” en occidente, se tiene la tendencia a hacer una práctica fluida, y eso está bien. Pero para aprovechar realmente una práctica de Vinyâsa Yoga, de Ashtanga Yoga…, es importante conocer bien la biomecánica de nuestro cuerpo… y eso se trabaja en las prácticas donde la alineación correcta prima sobre la postura de la foto. Cada cuerpo ofrece unas limitaciones y necesita un trabajo específico (“Es el Yoga el que se adapta al alumno y no el alumno al Yoga” Krishnamacharya), y esto se trabaja en Hatha Yoga. 

En Hatha Yoga las posturas suelen trabajarse de manera estática, dando tiempo a llegar, a respirar en ella e integrar cada parte del cuerpo, la respiración y la mente en la postura, sentir las sensaciones que nos aporta y deshacerla con atención a las huellas que la postura deja en nuestro cuerpo. 

Al ser cada cuerpo diferente y presentar limitaciones: poca flexibilidad, demasiada flexibilidad, poca fuerza, articulaciones débiles, lesiones, patologías… o simplemente, condicionamientos mentales o emociones limitantes… los soportes se hacen “nuestros maestros” pues nos muestran el camino a la postura real, la que es nuestra, la que nos aporta esa sensación de equilibrio, en la que poder mantenernos por tiempo indefinido. Además nos dirigen a ese estado de aceptación de lo que es, tan importante para ser conscientes y crecer en el autoconocimiento. 

Cuando conoces tu anatomía, te conoces un poco más, y puedes tomar mejores decisiones sobre qué prácticas son para ti, o te sentarán bien (te aportarán salud) en cada momento.

Así ahora comentamos cuál es el equipamiento adecuado para el practicante en una clase de Hatha Yoga, y de esta forma, si cada persona se responsabiliza de tener cerca lo que necesita para sus ajustes, la sesión se vivirá de forma más fluida. 

  • Esterilla antideslizante: nuestro laboratorio de vida
  • 2 mantas de Yoga como mínimo, dobladas de forma específica 
  • 2 bloques 
  • 1 cinturón largo
  • 1 manta de meditación

Estos son los mínimos para una clase básica, ni que decir de una sesión de Yoga Restaurativo o de Yin Yoga o para alguien que tenga limitaciones físicas, en las que se añadiría casi el doble de todo (excepto esterilla) además del bolster. 

Con el trabajo con soportes, ayudamos a crear consciencia de nuestro cuerpo, lo que nos facilita la vida diaria y además a la hora de realizar otras prácticas como el Vinyâsa Yoga. 

Es por esto que en Avâta Yoga realizamos con algunos grupos un día de Hatha Yoga y otro de Vinyâsa Yoga cada semana, en el primero se trabaja alineación y en el segundo permitimos a la energía y la respiración fluir por nuestro cuerpo disfrutando de una danza mágica. 

¿Has probado esta combinación? Ven y prueba con nosotras.

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